Siento el impulso de decirle que lo quiero a cada minuto. Miento, a cada segundo. Y eso me gusta y me asusta a la vez pues yo nunca he sido de esas chicas empalagosas que no paran de decir cuánto quieren a todo el mundo. Yo siempre he sido de esas chicas calladas, que sueltan un te quiero de vez ocasional.

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